El lunes volvía caminando a casa mirando al cielo. La cantidad de estrellas que se podían distinguir y su brillo era impresionante.
Desde que vivo aqui, suelo mirar el cielo. Cuando tengo tiempo me acerco al lago Wörther a ver atardecer. Me gusta la forma de las nubes. Los colores. El reflejo en el agua y la nieve al fondo.
Quizás sigo siendo aún un poco turista en Austria.
Al haber tan poca luz artificial en las calles por las noches se pueden ver más estrellas. Quizás también tiene que ver con que se acerque la primavera. O con la fase lunar, no se. Miles de teorías romantico-metereológicas rondaban mi cabeza mientras miraba embobada el cielo nocturno.
Al llegar a mi portal se me encendió una bombillita. Se apagó el romanticismo.
Ese mismo día había estrenado unas lentillas nuevas, con una graduación superior. Así que supongo que el cielo que yo acababa de descubrir es el habitual. Esa inmensa cantidad de estrellas son las que siempre estan ahí.
Me imagino lo que sentirán alguno de los pacientes del Dr. Sachs que recuperan la visión, redescubriendo el mundo, mirando cosas fascinados. Cosas que nosotros ni nos tomamos la molestia de mirar si no se interponen en nuestro camino.
Es de alguna manera triste, tener tantas cosas bonitas y a la vez sencillas alrededor y no disfrutarlas. O no tenemos tiempo, o no les damos importancia… o no tenemos la graduación de lentillas adecuada.
Yo seguiré mirando al cielo. Es bonito.
Besos
ASM