Las primeras señales son las que nadie advierte. Es una pena que en la vida real no tengamos una buena banda sonora para saber cuándo nos acechan.
Aqui la primera señal es la niebla. El año pasado, cuando aterricé, no ví Austria. Todo era niebla. Y después vino la nieve y luego el hielo.
Yo mientras, sigo con mis cosas. Ajena al invierno que se avecina…
Una de esas cosas es viajar. El sábado estuve en Graz ( las fotos en un par de días), la segunda gran ciudad de Austria después de Viena. Es curioso ver cómo arreglan los edificios y las calles. Aunque estés en la parte más antigua de la ciudad, todos los edificios están (al menos) pintados de colores.
Como dice Emilie (la francesa que me sustituirá) aqui las calles estan limpias, muy limpias. Incluso en Graz los habitantes se sienten incómodos cuando hay gente pidiendo en las calles. Claro, yo vengo de Valencia. Alli siempre hay gente en las calles.
Nos acabamos acostumbrando a verles, a despreciarles, a temerles, a ignorarles, a etiquetarles como algo no humano, para dejar claro que no son como nosotros. Son diferentes, de otra clase, de otro país, de otro color, de otra cultura. Y nunca serán como nosotros. Les nombramos con adjetivos de desprecio o con palabras abstractas. Da lo mismo decir “desechos” que “desamparados”. Son una masa amorfa y gris.
Es entonces cuando somos nosotros los que perdemos humanidad. Hemos mutado, nos sentimos más cercanos a personajes que conocemos por fotos, películas o historias en las revistas, que a las personas que viven en la esquina. En la esquina de abajo, claro.
¿ Se sentirán ellos también más cercanos a la gente de papel que a nosotros que pasamos a su lado ?
Pero aqui no tenemos que preocuparnos. En cuanto bajen las temperaturas las masas grises viajarán a climas templados, donde haya cajeros con portal.
Un beso.
ASM
Escuchando Ivan Ferreiro “Canciones para el tiempo y la distancia”.